Como enfrentar la tempestad (Juan 6:16-24)

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La vida está llena de vicisitudes que se nos presentan en momentos inesperados y cuando estamos disfrutando de una relativa tranquilidad.  De igual manera, les sucedió a los discípulos de Jesús, quienes después de haber atendido a la gente y distribuido los panes y peces que él había multiplicado entre la gente, se dieron cuenta que Jesús “se retiró de nuevo a la montaña él solo” (v. 15).  Así que, ellos “bajaron al lago, subieron a una barca, y comenzaron a cruzar el lago en dirección de Capernaúm”.  (vs. 16-17). 

                Para aquellos discípulos esta travesía era muy común.  Debemos recordar que en este grupo había hombres acostumbrados a trabajar en el lago y por experiencia propia conocían los momentos más adecuados para navegar en él.  Sin embargo, en esta oportunidad cuando “ya había oscurecido” se encontraron que había un “fuerte viento que soplaba” y provocaba que “el lago estaba picado”.  (v. 18).  Fue en estos momentos cuando comenzó la lucha de los discípulos por mantener la barca a flote. Debemos destacar que esta dificultad se acrecentó porque “Jesús todavía no se les había unido”. (v. 17). 

                Estando en medio de esta adversidad, los discípulos “vieron que Jesús se acercaba a la barca, caminando sobre el agua”. (v. 19). Es importante notar el contraste que aparece en esta narración con respecto al lago; para los discípulos era la causa de sus temores, de sus ansiedades y del peligro de muerte. Para el Señor era una oportunidad para caminar sobre el agua; para los discípulos el lago era un camino tormentoso, difícil de recorrer. Para Jesús era una autopista para caminar en medio de la oscuridad.

                De igual manera nos sucede en la vida. Desde nuestra perspectiva personal, los problemas que enfrentamos son los causantes de la intranquilidad y de la confusión que nos agobia en nuestro ser interior, que desestabiliza nuestros hogares y trae confusión en el lugar donde trabajamos o estudiamos. Según nuestro criterio las adversidades nos obstaculizan para continuar creciendo y disfrutar de la armonía con nuestros seres queridos, pero para el Señor son medios para demostrar su presencia y así experimentar su cuidado amoroso. Debemos recordar continuamente que los problemas de la vida no inmutan al Señor; él siempre está por encima de los peligros y controla las circunstancias adversas de la vida. 

La narración tiene una nota positiva: nos menciona que Jesús toma la iniciativa de acercarse a la barca (v. 19) y les dijo a los discípulos: “No tengan miedo, que soy yo.  Así que se dispusieron a recibirlo a bordo”. (v. 20).  ¡Qué decisión más oportuna, precisa y asertiva tomaron los discípulos! Ellos tenían la opción de continuar remando solos y luchar contra la adversidad con sus propias fuerzas, pero optaron por invitar a Jesús a subir a la barca.  A partir de esta decisión, el ambiente y las circunstancias que estaban experimentando se tornaron en tranquilidad.  El esfuerzo infructuoso que estaban realizando, que les causaba un gran desgaste físico y mental se convirtió en un placer “y en seguida la barca llegó a la orilla adonde se dirigían”.  (v. 21)

                Es probable que en esta oportunidad usted se encuentre en medio de un lago “picado” por las vicisitudes de la vida.  Ha realizado un gran desgaste mental tratando de resolver los problemas y se ha ingeniado por todos los medios de llevar la “barca” de su vida a un puerto seguro, pero observa que sus esfuerzos son infructuosos y no logra alcanzar la tranquilidad espiritual, mental y familiar. Te aconsejo que invite a Jesucristo a subir a su barca y le entregue el timón de su voluntad para que sea él quien le dirija.  De esta manera “en seguida” llegará al puerto donde él le quiere llevar para que viva seguro y en paz.

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